Llenar el vacío…. y volver a vaciar

Escrito el 20 / 04 / 2009
Archivado bajo Artículos de interés |

La mujer es cíclica. Se abre y se cierra, se llena y se vacía. Lo sabe hacer desde su más innata fisiología.
Un dato embriológico: hoy se sabe que, en el momento de la fecundación, es el óvulo el que se abre e invita a entrar al espermatozoide; no es el esperma el que penetra irrumpiendo en la membrana del óvulo  hacia su interior, como se creía.
Y es ese abrirse receptivo del óvulo, la condición de lo femenino, nuestra sabiduría ancestral y profunda. Así como la tierra recibe y se deja impregnar por el agua, nuestra matriz conoce acerca de recibir, dejar entrar, dar cabida, cobijar, nutrir; y también sabe acerca de destruir y dejar salir, de soltar y volverse a vaciar.
Y lo que habilita este juego es el hecho de poseer esa MATRIZ, órgano femenino por excelencia, “útero”, cavidad, espacio vacío, por consecuencia plausible de ser llenado. ¿Llenado? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuándo?
Estas preguntas habilitan la posibilidad de tomar conciencia de si estamos actuando desde la elección o desde el famoso “deber ser” (llenadas, en este caso). Por ejemplo: ser mamá, ser esposa, ser hija, hermana, ser ama de casa, ser profesional, y todos los demás “ser” que cada una pueda sospechar que tienen “olor y sabor” a mandato, a tarea incuestionable a realizar desde nuestro rol “femenino”.

Entonces, reconociendo esta ciclicidad característica femenina, permitámonos indagar en el vacío, ese vacío que es potencialmente creador.
¿Podremos permanecer allí, sosteniéndonos a nosotras mismas, sin la necesidad compulsiva de encontrar aquello que nos llene y nos saque entonces de ese temido e inquietante
“vacío / soledad”?

Estar y permanecer allí, es conectar con la fuente de la inspiración, desde donde podemos crear lo que sea necesario crear en ese instante desde nuestro más profundo “sentir”.

Entonces…
Tomémonos un tiempo, un rato nomás, a solas, cuando nadie interrumpa. Sentémonos cómodas, en el ambiente adecuado, un aroma, un sonido, una luz adecuados, que nos permita estar un rato con nosotras mismas, chequeando nuestras sensaciones, las que llegan desde allí abajo, entre el ombligo y el perineo, desde nuestro centro / matriz.
Descendiendo de a poco a ese sitio húmedo, blando y receptivo, escuchando, oliendo, degustando, tocando las sensaciones que habitan ese maravilloso “vacío” creador.

Un momento para reconectarme y reciclarme, nutriéndome de y a mi misma, simple y suavemente, en quietud.
Y luego… tal vez me descubra más alerta, más serena, más plena y conmigo, y desde mí hacia el mundo.

Gabriela Entin

Dejar un comentario