El cuerpo urbano
Los seres humanos somos muy creativos y tenemos una gran capacidad de adaptación.
Y lo pienso cuando nos observo viviendo en la ciudad, cuando observo nuestros cuerpos en movimiento adaptándose a esta realidad de cemento, baldosas, ascensores, sillas, escritorios, autos, computadoras y oficinas.
¿Qué tipo de requerimiento fÃsico nos propone nuestro ritmo cotidiano en la ciudad?
La vida se hace cada vez más sedentaria, las distancias se acortan gracias a Internet, los autos, las sillas con rueditas, las escaleras mecánicas y demás.
Cada vez es menor el “esfuerzo†fÃsico que necesitamos para realizar nuestras actividades cotidianas.
Cada vez caminamos menos, y ni hablar de correr, subir, bajar, trepar, agacharnos, entre otras de las opciones que nuestros cuerpos tienen.
En consecuencia, el cuerpo se pone más rÃgido, menos móvil y disponible, vamos perdiendo opciones, nuestras articulaciones olvidan su fluidez, nuestros músculos pierden elasticidad, disminuye nuestra capacidad respiratoria.
Es el resultado del desuso. Entonces surge el dolor, la molestia, la dificultad para descansar, entre otros sÃntomas, que son la manera en la que nuestro cuerpo nos pide atención.
La vida es movimiento, y como finalmente reconocemos este principio y haciendo uso de nuestra creatividad, surgen un sin fin de actividades corporales diversas, hay para todos los gustos y necesidades: variedades de gimnasias, Pilates, Yoga, natación, salir a correr o caminar, andar en bicicleta y demás, que nos permiten compensar el sedentarismo urbano.
Estas actividades reemplazan las caminatas, las subidas y bajadas de la montaña, el trepar los árboles, agacharse para recoger la cosecha, correr las gallinas, y no hablar de danzarle a la lluvia y al sol, tomarse el tiempo para desperezarse antes de salir de la cama, caminar para llegar al trabajo, jugar con nuestros hijos a la escondida o a la mancha, hacer el amor más seguido, pasear por el bosque o por la naturaleza que nos rodea aspirando profundo el aire limpio y nutritivo.
Cada uno de nosotros habita su cuerpo 24 horas, y gracias a esta realidad a veces no tan obvia, tenemos la opción de movernos dentro de él durante todo el dÃa, de usar sus recursos de diversas formas simples, si somos conscientes de su necesidad.
Para empezar el dÃa me tomo 5 minutos para desperezarme largamente, bostezando y suspirando, estiro mis músculos y lubrico mis articulaciones.
Evito las escaleras mecánicas usando mi energÃa para subir y bajar por mis propios medios.
Camino esas cuadras en lugar de subirme a un auto. Vuelvo a desperezarme cada vez que estuve quieto frente a la computadora o en el escritorio de la oficina.
Me entrego a la risa cada vez que tengo una razón y activo asà los músculos del rostro.
Y porqué no, me tiro un rato horizontal cuando siento ese cansancio en la mitad del dÃa, “15 minutos de siesta es un dÃa ganadoâ€, decÃa un amigo.
Y además, elijo una actividad fÃsica acorde a mi necesidad, que me de placer y me permita mantener el cuerpo flexible, vital y con la mayor cantidad de opciones de movimiento posibles. “Cuerpo flexible, mente flexibleâ€
Porque, insisto, la vida es movimiento, es decir el cuerpo vital necesita moverse para que la energÃa circule a través de todas y cada una de sus células, y las mantenga nutridas, oxigenadas y listas para afrontar todos los requerimientos diarios.
Mientras habitemos nuestro cuerpo de manera consciente y sentida, cualquiera sea el entorno, existen opciones para movernos y usar asà nuestra energÃa vital.
Gabriela Entin
Gracias a todos por estos momentos de Vida que me regalaron haciéndome acordar de que tengo un cuerpo a quien amar y agradecer, atender y mimar…
Hola Carmen
Gracias por tu comentario en la página La Luna sobre el Puente
¿Nosotras nos conocemos?
Un abrazo
Gabriela